Muchas veces surge esta conversación con las mujeres que acompaño:

ELLA – Cuando estamos de celebración o me voy de vacaciones me resisto a cuidarme.  Me rebelo. Me «desmadro» y no tengo medida.

YO – ¿Qué es diferente en esos momentos que hace que comer con escucha resulte un incordio?

ELLA – Lo siento como una limitación. Como si no pudiese disfrutar… porque si tengo que estar pendiente, entonces no me siento libre. No me puedo relajar del todo.

Me encanta este tema.

Cuando no conocemos bien la función saludable de los límites tenemos muchos conflictos entre “disfrutar” y “medirnos». Creemos que disfrutar significa abandonarnos al placer. Queremos que nos dejen en paz, haciendo lo que nos da la gana, aunque eso suponga luego malestar físico, emocional, mental…densidad, cansancio, dolores varios…

Esta resistencia a la escucha se da en muchos momentos como:

  • comidas, cenas y celebraciones especiales,
  • durante las vacaciones,
  • por las noches, después de un día exigente,
  • cuando estamos comiendo algo que nos encanta,
  • ante emociones de soledad, tristeza, enfado…

En tales situaciones, entra en juego creencias como «disfrutar de verdad significa despreocuparme de TODO», «si tengo que escucharme, entonces no es verdadero disfrute», «me entrego totalmente al placer hoy y ya compensaré mañana»…

Se siente como una lucha interna. Y lo es.

Hay 2 deseos en escena:

  1. Por un lado, deseamos bienestar, vitalidad, sentirnos bien en nuestro cuerpo, comer de forma relajada y sentirnos en paz ante la comida.  
  2. Por otro, queremos el placer, más intenso e instantáneo, de aquello que tenemos delante. 

En realidad, hasta aquí no está reñido el asunto… ambos deseos son compatibles. Siempre y cuando haya una medida porque sabemos muy bien, que lo hemos comprobado muchas veces, que podemos hacernos daño con la comida (y con otros excesos). A veces no nos afecta demasiado y pensamos «que me quiten lo bailado», pero  otras sí porque las consecuencias son mucho más palpables, dolorosas y repetitivas…  

¿Dónde reside la lucha, entonces? En nuestra mente.

Cuando todo parece “restricción”

Cuando tengo la conversación de arriba con mis clientas, sus creencias les dicen que escucharse significa restringirse. Y no les gusta.

Y las entiendo porque, sí, en nuestras creencias consideramos el placer como sinónimo de libertad, des-tensión y premio.

«Pero podemos disfrutar mucho más, durante más tiempo, si tenemos un hilo invisible que

nos mantiene conscientes y conectadas dentro de nosotras mismas»

¿Qué es este hilo?

Mi yo más consciente. Mi mente más «elevada».

Aquella parte que tiene una visión más amplia de mí misma y de la vida, de lo que quiero, de lo que está alineado conmigo. Todas tenemos momentos en los que reconocemos el deseo claro, simple pero profundo, de sentir bienestar, alegría, calma, soberanía y confianza interior. Ese poder que sabemos que llevamos dentro.

Por otro lado, tenemos una mente inferior, más primitiva.  Una parte de nuestro cerebro que ha memorizado nuestra vivencias y nuestra historia y que está principalmente preocupada por nuestra supervivencia.  Donde se almacenan las experiencias que nos han proporcionado placer, las que nos han aliviado, las que nos han ayudado a sobrevivir… porque tiene una función adaptativa.  Y que además acoge nuestro centro de recompensa. Es la que nos lleva a comer cuando estamos tristes, nerviosas, cansadas…la que está funcionando cuando comemos con ansiedad, o distraídas, en exceso…

¿Cómo? Ante ciertas situaciones, vemos o pensamos algo que nos incita a hacer aquello que en el pasado nos ha proporcionado placer. Entonces, se segregan hormonas y sentimos sensaciones y emociones que se mueven en nosotras y que nos empujan a desear realizar la acción.  En realidad, el cerebro está realizando su función correctamente ya que para esto ha sido diseñado.

La buena noticia es que estamos continuamente creando nuevas memorias y experiencias en nuestro cerebro, por lo que aquello que un día nos dio placer de una manera, puede hoy en día coger otra. Creamos nuevas memorias, en las situaciones cotidianas, cuando actuamos de forma distinta y nos paramos a sentir el nuevo placer que se genera.

Y esto podemos hacerlo con todas aquellas situaciones en las que el exceso está presente. En las que la memoria del pasado ya no nos sirven.

¿Significa esto que no puedo comer cosas que normalmente no como, excederme o empacharme un día…?

Claro que no. Puedes hacer lo que quieras. Eres un ser libre y esto es CLAVE para hacer las paces con la comida.

Esto no se trata de poner normas, hayques, prohibidos… y obedecer.  Y luego saltártelo y luego sentirte mal y vuelta a empezar. Esto trata de poner conciencia en el día a día y aprender, desde esa libertad, a ser coherente con tu yo más elevado. Y en el camino, a veces acertamos, otras no, exploramos y crecemos

Lo primero: fuera miedo

No debemos confundir la presencia y la escucha con el control.

El control y el miedo (a engordar…) provienen de ese cerebro primitivo en el que residen  memorias de supervivencia,  desvalorización, miedo al abandono, búsqueda de amor y aceptación… y que nos dice:

“Uf, ya verás cómo me voy a poner estas Navidades”, «no voy a probar ningún turrón», «en enero me pondré seria y compensaré»,  «¿para qué intentarlo? de perdidas al río…».

Sin embargo, cuando estamos en la Presencia y la escucha, en nuestra mente elevada, no hay miedo…hay claridad y actitud de aprendizaje. Empoderamiento.

«La mente inferior controla, la mente superior, elige»

En general, oscilamos cada día entre estas distintas “mentes”. Es uno de los principales trabajos que hago con las personas que acompaño en su camino de reconciliación con la comida: aprender a identificar muy bien su “mente primitiva” de su “mente elevada”.  Y entonces, todo cambia… 

Algunos consejos para estas Navidades para que empieces a elegir ese otro lugar «elevado»

1# Observa el NO y el SÍ, de cada situación:
Empieza a vivir y contemplar las situaciones en las que  hay comida, que es el tema que nos atañe aquí, desde esta mirada porque cada NO y cada Sí, nos trae consecuencias. Es muy sencillo pero es clave a la hora de aprender a elegir. Por ejemplo:

«Si como más turrón, voy a sentir molestia en mi estómago», «si como menos entremeses, seguramente podré llegar al postre», «si repito segundo plato, dormiré mal»… en cada situación estamos eligiendo y a veces no nos damos cuenta de qué.

2# Sé consciente de lo que te da placer:  incluida la comida, pero no solo. Te propongo hacer una lista de aquello que te gusta, te resulta placentero, de estas festividades tan culinarias.  Ejemplo:

  • Ver reunida a mi familia

  • La ensaladilla de mi madre.

  • Escuchar anécdotas del pasado… 

    De esta forma, damos cabida, valoramos y nos disponemos a disfrutar de TODO ello y abrimos el foco; de la comida y la lucha, a todo lo que está ocurriendo realmente.

3# Reflexiona: ¿cómo te quieres sentir después de la cena de Navidad?: conecta con tu mente elevada y descríbelo. 
En mi caso, a mí me gusta terminar: satisfecha pero sin incomodidad, habiendo disfrutado de la compañía y la comida sin obsesiones; con espacio para dormir bien… ¿Cómo te quieres sentir tú? Al definir este resultado, y pararnos a sentirlo con antelación, abrimos la posibilidad de que ocurra. Y sobre todo, me hago consciente de que es algo que yo quiero. 

4# Disfruta. De lo que hay. De lo que te gusta. Come SIN CULPA. Evita colocarte en el miedo y el control y empieza a practicar la libertad y la confianza en ti misma. Empodérate. Y si te equivocas y comes demasiado, no pasa nada…de nada. La experiencia lo vale. Es la que te va a llevar hacia la libertad que buscas. Además, ¡el placer es un gran metabolizador!  😉

5# Lleva el hilo invisible al evento. Párate a hacer unas respiraciones antes de empezar a comer, a sentir ese espacio de Presencia, desde el cual disfrutarás mucho más y desde donde eliges con más conciencia.

«Disfrutar de todos los placeres es insensato; evitarlos, insensible» -Plutarco-

Recuerda, bella:

  • No está reñido comer y disfrutar, con mantener el “hilito de conciencia” que te permita seguir disfrutando más y con más calidad.
  • Si te excedes, no te juzgues, no proyectes al futuro, no te castigues. No ocurre NADA. Es la mente la que agrava el malestar.
  • Que la medida es AMOR. Y que es AMOR también relajarse y permitirse.
  • Que no hay errores o aciertos, sólo experiencias y aprendizaje.
  • Que eres LIBRE de elegir. Y esto es lo que estamos practicando.

Te deseo unas fiestas llenas de disfrute, apertura y exploración.

Por tu soberanía,

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