Te encuentras a menudo… 
  • Comiendo con ansiedad, hasta empacharte y hacerte daño…
  • Sin poder parar por las noches, después de cenar aunque te hayas quedado «bien»…
  • Saboteándote a ti misma cuando quieres seguir una alimentación «saludable»…
  • Sin poder controlarte ante algunos alimentos, que sabes que no te sientan bien…
  • Comiendo con ansiedad y atropelladamente cuando estás en eventos sociales, con gente…
  • Comiendo sin hambre pero por nervios, tristeza, soledad, angustia…

Estos son algunos ejemplos de lo que yo llamo, con Amor, “excesos con la comida”. Y digo con Amor porque además de exceso de comida, también puede haber exceso de preocupación, de control, de frustración, de vergüenza y sé por experiencia propia lo que se siente. 

Si la respuesta es sí, quiero ayudarte a encontrar las respuestas. Y para transformar cualquier aspecto de nuestra persona que queramos transformar, primero hay que observar para identificar, para luego comprender y ser capaces de actuar de una forma nueva. De abrir nuevos caminos.


				
A qué llamo yo “excesos con la comida”

Hoy en día se habla mucho de los trastornos alimenticios y se habla poco de la relación cotidiana con la comida de muchísimas personas. Hay un espectro enorme de formas de comer, de luchas, de compulsiones y de excesos, que no nombraríamos como desorden, pero que nos afectan profundamente.

El no saber encontrar nuestra medida saludable con la comida, nos condiciona en lo personal e incluso en lo social. Tenemos miedo de nuestro apetito, de nuestra impulsividad y esto nos hace vivir con más estrés, con más control y mucha tensión. Sin olvidar la vergüenza que puede provocarnos nuestra forma de comer y la Eterna Espera en la que vivimos confiando en que algún día tendremos la fuerza de voluntad suficiente para mantener a ralla nuestras debilidades y así ser personas «normales», que comen de forma «normal» y ya de paso, estar delgadas de una vez.

Conocemos personas capaces de parar cuando se han saciado, de decir no si no tienen hambre y de no comer aquellos alimentos que les sientan mal y nos sentimos frustradas e impotentes cuando nos vemos sin esa capacidad.

Tanto si eres de las que come hasta hacerse daño, como si estás continuamente a dieta, restringiéndote, u obsesionada por la comida (en cualquiera de sus variantes), hay un exceso en el espacio que la comida ocupa en tu mente y en tu Vida.

Factores detonantes de los excesos con la comida

A continuación te voy a dar una lista de los posibles factores-situaciones con las que nos encontramos en nuestro día a día y pueden «activar» tus excesos con la comida. He dividido estos factores en causas físicas, mentales y emocionales, aunque ten en cuenta que estas distinciones se entremezclan entre sí, de la misma forma en que no podemos separar realmente mente, cuerpo y emociones. Las emociones afectan la bioquímica de nuestro cuerpo y al revés, nuestro estado físico afectan nuestra capacidad de pensar y sentir.

Causas de origen físico

Balance de Macronutrientes (BMN)Los tres Macronutrientes principales son las grasas, las proteínas y los carbohidratos y tienen que estar presentes en nuestro día a día.

Si nuestra alimentación no tiene el balance adecuado de macronutrientes, esto puede llevarnos a antojos y atracones ya que el cuerpo está reclamando lo que necesita. Por lo tanto, es importante revisar nuestras comidas y si estamos comiendo suficiente grasa de calidad, proteína e hidratos de calidad para nuestra condición y situación.

– Calidad de los alimentos y concentración de nutrientes : Cuando consumimos alimentos integrales, frescos y de buena calidad, nuestro cuerpo recibe alimentos con una concentración de nutrientes mayor, por lo que si estamos ingiriendo alimentos de baja calidad, es probable que haya deficiencias que intentemos compensar comiendo mayores cantidades o en forma de antojos también.

Falta de sueño y de descanso: Cuando tenemos falta de sueño, o este no es de calidad, vivimos con un nivel bajo de energía por lo que acudimos a nuestras reservas, lo que nos hace a su vez, acudir a alimentos y sustancias que nos van a dar una falsa sensación de fuerza. El café, los hidratos simples como las harinas blancas, el azúcar…nos aportan glucosa rápida, pero no energía de calidad. Precisamente cuando estamos bajas de energía, es cuando hay que elegir alimentos ricos en energía duradera (combinando cereales integrales con proteínas y grasas saludables). Tener sueño o estar cansadas son el detonante de muchos de nuestros excesos con la comida.

La salud intestinal: Tenemos más de 100 billones de bacterias en el intestino, con más de 1000 especies diferentes representadas. La flora intestinal no solo es la primera línea de defensa del cuerpo, sino que es donde se produce el 90% o más de la serotonina. La serotonina influye en una variedad de funciones corporales y psicológicas. Por ser un neurotransmisor puede afectar el peristaltismo intestinal, regular su función y reducir el apetito así como alterar el estado de ánimo, la ansiedad y afectar en nuestra felicidad.

La respuesta de estrés : En términos generales, podríamos incluir el estrés dentro de los factores psico-emocionales, no obstante, estar bajo la “respuesta de estrés”, va a alterar nuestra bioquímica del cuerpo, afectando, entre muchas funciones, la digestión y la asimilación de nutrientes. Esta situación, también puede llevarnos a comer de forma atropellada y sin medida. Como veremos después, el estado de estrés nos lleva al “comer emocional”, en busca de consuelo, control y confort. 

Falta de movimiento: El movimiento es esencial para que fluya la energía, para oxigenar nuestra mente y cuerpo y para habitarnos. El día a día de muchas personas, hoy en día, es muy sedentario y cuando no nos movemos, la energía se estanca, estamos más tensas/os y proyectamos esa «des-tensión» en la comida. Hacemos elecciones más alineadas cuando nos movemos. El movimiento puede ser amable como un buen paseo, una clase de yoga…o más intenso como cuando hacemos un ejercicio más aeróbico o de fuerza.

Causas de origen mental

Incluyo aquí aquellos factores que tienen que ver con las inercias, la organización y la planificación, conocimientos y habilidades alimenticias, así como la capacidad de atención y escucha.

Las creencias: Todo aquello que creemos sobre la comida, sobre lo que necesitamos, sobre lo que tenemos o no tenemos, sobre lo que somos capaces y sobre lo que no…TODO esto y más, de lo que no somos conscientes, está en la base de nuestros excesos con la comida. Tenemos un sinfín de creencias que nos llevan a inercias y automáticos que se reflejan en nuestros hábitos y compulsiones.

Las señales: El cuerpo es un gran mensajero. Continuamente está enviándonos señales sobre lo que necesita, lo que le sienta bien, lo que no, lo que le da placer…

En los “excesos con la comida”, es casi seguro que se esté dando una o más de las siguientes situaciones:

  • Tu cuerpo está enviando señales confusas, debido a la alteración que sufre cuando consumimos exceso de café, alimentos industriales…que alteran nuestro sistema hormonal, digestivo etc.
  • No sintonizas con las señales de tu cuerpo. El estilo de vida, el estrés, la falta de movimiento…nos alejan del cuerpo y su sabiduría. A veces, no somos capaces de reconocer qué necesitamos realmente…¿dormir? ¿comer? ¿qué comer? ¿cuánto?
  • Estás ignorando activamente o anulando las señales de tu cuerpo. Muchas veces, sabemos que tal o cual alimento no nos hace bien y, sin embargo, lo seguimos comiendo. O, tenemos hambre pero nos obligamos a no comer, queriendo controlar el apetito o por el contrario, ya no tenemos hambre pero seguimos comiendo. Esto tiene que ver con cuestiones de tipo más emocional y también con creencias heredadas e inconscientes. 

Falta de atención, conciencia y placer: Hemos escuchado muchas veces que el cerebro necesita 20 minutos para enterarse de que estamos comiendo y así es. Es lo que se llama la Fase Cefálica, que ocurre antes que los alimentos entren al estómago. Cuando comemos rápido y/o sin prestar atención, no damos espacio a esta fase con lo que las señales llegarán tarde, probablemente cuando ya hayamos comido demasiado.

Organización y planificación: Muchos de nuestros excesos tienen que ver con la falta de orden y estructura en nuestra alimentación. El hecho de no tener la nevera llena, o no tener la comida preparada al mediodía, puede llevarnos a no desayunar bien, comer de mala manera y sin saciarnos, o tirarnos a comidas “fáciles”, que nos sacan de esa otra vibración donde elegimos con más conciencia y afinamos más nutricionalmente. Cuando estamos desordenadas, es más fácil que lleguen los excesos.

Estar presentes mientras comemos, sin distracciones, en estado de relajación, nos va a permitir alimentarnos profundamente, no sólo de nutrientes químicos sino de aquellos otros alimentos, también esenciales, como el placer y la sensualidad. Cuando nos faltan estos elementos en el día a día, nos sentimos insatisfechos y podemos pensar que lo que nos falta es comida, cuando en realidad, nos falta la conexión con lo sutil. 

Causas de origen emocional

Muchísimo se puede decir sobre la relación emocional con la comida. En esta guía, voy a presentar lo que yo llamo el “Comer Emocional” que es clave a la hora de lidiar con los excesos con la comida.

Las causas emocionales, según mi experiencia, son las causas más profundas y las que invitan a una mayor transformación de quienes somos como personas comedoras, viviendo en este cuerpo, en este planeta Tierra.

Comemos de forma emocional cuando utilizamos los alimentos para sentir confort, para intentar controlar lo incontrolable o para lidiar con una situación emocional intensa.

Confort: Dentro de esta categoría entran aquellos momentos en los que queremos premiarnos, comemos alimentos con nostalgia, necesitamos calmar un tipo de estrés de bajo nivel, para relajarnos, sentirnos acompañadas…

Control: La comida es un maravilloso mecanismo de control porque al comer, elegimos todo al respecto: qué, cuándo, dónde, cómo, cuánto…y muy pocas cosas en la vida ofrecen este nivel de control. Por eso, muchas personas proyectamos esta necesidad de controlar lo incontrolable, las incertidumbres de la Vida, en una obsesión por la nutrición, las dietas, el peso o la restricción…nos da una falsa sensación de seguridad. Esto resulta en un exceso de control-tensión, más allá de lo saludable, y nos lleva luego a atracones, empachos, antojos incontrolables y emociones de impotencia y ansiedad.

Evitación: En situaciones de estrés agudo o como consecuencia de estar lidiando con una o más emociones intensas que no sabemos gestionar, acudimos a la comida para tapar el dolor, el miedo, la tristeza…que podamos estar sintiendo. Comemos para sentir algo más concreto, más físico y tangible; comemos para anestesiarnos y no sentir así las emociones que nos asustan; comemos para sentir que no estamos solas ante el dolor… comemos para desconectar, para evadirnos.

El verdadero origen del “exceso”

Estos factores que te he detallado, engloban un sinfín de situaciones cotidianas del día a día. Y una vez aquí, me gustaría decirte algo importante. Por encima de todo lo anterior, está la principal causa de nuestros excesos con la comida.

Nuestras vivencias, creencias y emociones, componen el entramado de nuestra realidad y día a día y también nuestra relación con la comida.  Hoy en día sabemos que a pesar de las circunstancias externas, tenemos siempre la última palabra en cuanto a dónde nos posicionamos y cómo «elegimos» vivir aquello que estamos viviendo. Es así con la comida también. El verdadero origen siempre soy YO y cómo lidio con mi realidad interna. 

El cerebro actúa mediante circuitos neuronales que se crean a lo largo de nuestra vida. Estos circuitos se exteriorizan en forma de creencias, emociones, hábitos, compulsiones… digamos que nos llevan a vivir la vida de cierta manera, que se repiten una y otra vez hasta que nos hacemos conscientes, nos empoderamos y abrimos nuevos caminos más alineados y coherentes con quienes somos.

Buscamos fórmulas que podamos seguir obedientemente, pero los Seres Humanos no funcionamos así. Somos misteriosamente complejos en busca de aquello sencillo que une todas las piezas y da coherencia a nuestras vidas. Pasado, presente y futuro nos influencian, cada uno a su manera, siempre y cuando no somos conscientes. Es por eso, que el enfoque debe ser integrador y madurador.

No hay soluciones rápidas o píldoras mágicas. En lugar de conducir una excavadora a través de una pared de ladrillo, es más parecido a desmantelar la pared ladrillo a ladrillo con un cincel. Y es fascinante. 🙂

Entonces, ¿cómo empezar? ¿cómo avanzar hacia la relación con la comida relajada y placentera que deseamos?  

Tomando acción.
Ampliando nuestra comprensión y reforzando nuestro yo más elevado.

 

Empieza por aquí

 

¿Quieres terminar con tus excesos con la comida?

Descárgate esta GUÍA que he preparado para ti y da los primeros pasos.

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