MUCHAS VECES SURGE ESTA CONVERSACIÓN CON MIS CLIENTAS:
C – Cuando me voy de vacaciones me resisto a «cuidarme». Me rebelo. Me «desmadro» y no tengo medida.

YO- ¿Qué es diferente durante las vacaciones que hace que comer con escucha resulte un incordio? 

C – Lo siento como una limitación. Como si no pudiese disfrutar del todo… una parte de mí quiere comer lo que le da la gana y que le dejen en paz. Que son vacaciones.

 

Me encanta este tema. 

Cuando no conocemos bien la función saludable de los límites tenemos muchos conflictos entre “disfrutar” y “buscar la medida». Creemos, muy profundamente, que disfrutar significa abandonarse al placer, sin ninguna contención. Queremos que nos dejen en paz, haciendo lo que nos da la gana, aunque eso suponga luego malestar físico, emocional, mental…densidad, cansancio, dolores varios…

Recuerdo el día en que fui a mi primera clase de Yoga. Yo siempre había creído que como mejor se respiraba era teniendo la barriga totalmente relajada, expandida, sin ninguna “sujeción”.

Sin embargo, la profesora me invitó a poner un puntito de tono en mi postura, mientras estaba sentada, para respirar. ¡Uau! ¡Qué sorpresa! No me había dado cuenta de que cuando yo relajaba mi tripa, dejaba caer también el tronco, los hombros.. me abandonaba. Pero aquel día descubrí que respiraba mucho más profundamente cuando mantenía ese poco tono en mi espalda, que se sentía relajada, pero no abandonada. Mi caja torácica era más libre de expandirse cuando yo estaba presente en mi postura.

Una gran lección, que también trajo sus resistencias. Luego te cuento…

Primero, te animo a probarlo por ti misma/o:

  • Siéntate en una silla o en un cojín con la espalda recta pero sin tensión. Como si un hilo tirara de ti hacia arriba muy suavemente.
  • Prueba a respirar profundamente ahí, con la barriga relajada.
  • Ahora suelta ese hilo de la columna y deja caer el torso, que se haga un bola hacia delante.
  • Respira profundamente ahí.

Verás que no se puede respirar bien del todo; la respiración se queda corta, atascada y más superficial.

Te cuento esto como ejemplo para entender que si queremos respirar profundamente, tenemos que estar presentes, con ese hilito que mantiene “compacto” nuestro cuerpo . Y que si queremos disfrutar de las vacaciones, y de la comida especialmente, también será más fácil si mantenemos esa escucha relajada y activa, siendo conscientes de su función en nuestro bienestar.

Cuando todo parece “restricción”

Cuando tengo la conversación de arriba con algunas de mis clientas, en realidad están considerando que “escucharse” significa “restringirse”. Y no les gusta.

De la misma forma en que yo consideré un fastidio tener que mantener ese puntito de tono en mi cuerpo para poder respirar mejor, ya que me parecía que era un esfuerzo «poco natural», también solemos tener una voz que nos dice que si tenemos que estar atentas a nuestra medida, entonces no son verdaderas vacaciones. 

Y en cierto modo, sí, para nuestra vivencia interna de considerar el exceso como sinónimo de libertad, des-tensión, vacaciones…todo lo que sea poner escucha, pararse a sentir y actuar en coherencia nos parece un rollazo. Como algo impuesto, que tiene como objetivo “cortarnos el mambo”, como decimos por aquí. 🙂

Cuando la realidad es que puedo disfrutar muuuuuuucho más, durante más tiempo, si tenngo un hilito invisible que me mantiene bien colocada dentro de mí, respirando profunda y libremente.

¿Significa esto que no podemos explayarnos, comer cosas que normalmente no comemos, empacharnos un día…?

Claro que no. Podemos hacer y comer lo que queramos. En realidad, podemos hacerlo, cada día. Y un empacho lo tiene cualquiera.

Porque las vacaciones se prestan más a comer fuera de casa, gastronomías de otros países tal vez, más celebraciones…y es aquí donde podemos tener dificultad para medirnos y después tener que lidiar con las consecuencias incómodas (obsesión por el peso, indigestiones, cansancio…).

Lo primero: fuera miedo

No debemos confundir la presencia y la escucha con el miedo a engordar y el control. Esto es así tanto en las vacaciones como cada día de nuestra vida.

El control y el miedo a engordar provienen de nuestro cerebro más primitivo. Es esa parte de nosotras/os que es más básica, más corta de miras, y se encarga de la pura supervivencia. En esta voz podemos identificar “programas” de desvalorización, miedo al abandono, búsqueda de amor y aceptación… Es esta voz que nos dice:

“Uf, ya verás cómo me voy a poner estas vacaciones”

“Estas vacaciones voy a intentar no comer postre”

“Cuando vuelva de las vacaciones me pondré a dieta”

“Voy a comer lo que quiera, luego lo de luego…”

“No quiero pensar en nada, estoy de vacaciones”

 ¿Te dice tu voz “primitiva” algo de esto?

Sin embargo, la presencia y la escucha, forman parte de tu yo más elevado. Esa parte de ti que “conoce” el bienestar, el amor que nace de dentro y la paz de ser una/o misma/o. Esa parte que cuando no hay interferencias, la sentimos como “sabia” y confiable.

En general, oscilamos cada día entre estas distintas “mentes”. Es uno de los principales trabajos que hago con las personas que acompaño en su camino de reconciliación con la comida: identificar muy bien su “mente primitiva” de su “mente elevada”. Porque todas y todos tenemos las 2 y aquí reside la solución también.

Por lo tanto, respecto al tema de este artículo de hoy “disfrutar” vs “escucha”, mi recomendación para las vacaciones es:

Que disfrutes comiendo.

Que no te prives de comer.

Que no está reñido comer y disfrutar con mantener ese “hilito de conciencia” y escucha que te permita seguir disfrutando más y con más calidad.

Que si te pasas, no te juzgues, no proyectes al futuro, no te castigues.

Que no te abandones como si no hubiera un mañana. Lo hay. Y quieres vivirlo plenamente también.

Que la medida es AMOR.

Y que es AMOR también relajar y permitirse.

Y es que el acto de alimentarse es un Arte, una danza…

 

Por tu soberanía,

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