Primavera es la estación de las depuraciones y los detox. Es un buen momento para depurar el organismo; después de unos meses de recogimiento, llega el momento de brotar y florecer. De deshacernos del estancamiento y desperezarnos. Depurar el organismo es una experiencia, más que un resultado. Hay muchas formas de depuración, algunas más intensas, otras más amables…pero todas tienen como objetivo deshacernos de aquello que no nos sirve, nos intoxica y nos frena. Hay un sinfín de formas y muchísima literatura sobre el tema, así que no voy a entrar demasiado aquí. En general, se recomienda:

  • aumentar el consumo de fibra
  • aumentar el consumo de vegetales depurativos: alcachofas, endivias, setas, espárragos…
  • aumentar el consumo de verduras de hoja verde en forma de jugos y smoothies
  • eliminar alimentos procesados
  • eliminar alérgenos (lácteos, gluten, soja, maíz…)
  • reducir o eliminar proteína de origen animal
  • beber mucha agua
  • beber infusiones depurativas como ortiga, cardo mariano, cola de caballo…

También se pueden hacer ayunos en forma de zumos, monodietas con fruta, con cereal integral (la dieta Nº 7 de la macrobiótica) … En mi experiencia, después de haber hecho depuraciones diversas, encuentro que todas son interesantes, a su manera. Después de pasar algunos síntomas más o menos incómodos, dependiendo de la intensidad de la depuración y de cómo estemos al empezarla, es común sentimos más livianas, con más energía y activas. Llama la atención la calidad del sueño, la eliminación de líquido, la pérdida de peso o volumen… Tener un plan detox es fácil peeeeeero… La cuestión es que para las personas que tenemos una relación emocional con la comida, hacer una depuración, privarnos de alimentos que nos gustan y nos reconfortan, puede no ser fácil. Nos pasa que los primeros días nos sentimos súper motivadas, y si observamos cambios positivos más todavía, pero luego se va volviendo más rutinario, van surgiendo más situaciones limitantes del tipo “no, no puedo comer eso, estoy haciendo detox” y una va sintiendo cómo su determinación se va debilitando. Además, es posible que hayamos tenido algún tipo de estrés (la Vida misma), o un viaje de trabajo o un fin de semana de celebración y hayamos comido alimentos que no estaban en el plan. En este momento, muchas, pensaremos: “ya está, la fastidié, no he cumplido…” e intentaremos volver a la “perfección” de los primeros días pero, algo no funciona. Y ya de aquí….”de perdidas al río”: derrotadas, abandonamos el plan y pasamos por una fase en la que estamos como desatadas, incapaces de encontrar nuestra medida sintiéndonos impotentes y decepcionadas. En consecuencia, se refuerza nuestra creencia ERRÓNEA de que no tenemos suficiente fuerza de voluntad.

Deja que te diga algo importante: NO TIENE QUE VER CON LA FUERZA DE VOLUNTAD.

Tiene que ver con:

  1. Cómo nos preparamos para la EXPERIENCIA, que nos va a tocar en un lugar íntimo y emocional (nuestro apego a la comida).
  2. Cómo vivimos la experiencia emocionalmente: la “privación”, las sensaciones incómodas, las agradables, la exigencia…
  3. Nuestra mentalidad “blanco o negro”. O todo o nada. O lo hago perfecto, o abandono.

Prepararse (emocionalmente) para hacer una depuración: Lo primero, es importante hacerse unas cuantas preguntas para aclarar qué hay detrás de mi deseo de depurar. Coge papel y boli (¡ahora!) y responde a estas cuestiones. Te sugiero coger (o comprarte) un cuaderno bonito y empezar escribiendo tus respuestas.

  • ¿Cómo es mi vida en este momento? Valoraré si tengo mucha actividad, de qué tipo, si estoy tranquila, estresada, con mucha carga laboral, familiar…
  • ¿Desde dónde quiero hacerlo? ¿Para qué? Reflexionar la motivación REAL de lo que quiero hacer es una parte importantísima para saber si está alineada con nuestra persona. Esto es así para cualquier objetivo que tengamos. Sea cual sea el objetivo, será válido si está en coherencia contigo.Nos preguntaremos entonces ¿PARA QUÉ quiero hacer una depuración? ¡Ojo! no el por qué…la pregunta es muy distinta. El por qué nos hace pensar en las razones. El para qué, en las motivaciones. Reflexionar sobre lo que esperamos lograr, sentir o recibir, nos coloca más claramente en nuestras verdaderas expectativa. Si nos enfocamos en las razones, podemos encontrar muchas, y nos puede costar más ver la verdad.
  • ¿Qué grado de “intensidad” quiero/ estoy dispuesta a experimentar? Teniendo en cuenta la primera pregunta, mi situación real, definiré una forma que esté en consonancia. A lo mejor no es momento para grandes exigencias y puedo enfocarme en añadir más verdura, comer un poco menos de proteína animal (y más legumbre, por ejemplo) y añadir un zumo verde por la mañana. O me apetece elegir un fin de semana largo de ayuno, tomando sólo líquidos, relajada, dando paseos… porque siento que tengo el espacio.

Nota: para saber cuál es “tu forma”, observa cómo te sientes ante las distintas posibilidades. Algunas te parecerán llevables y te motiven, otras te resultarán demasiado duras (el cuerpo se resistirá) o tal vez, te sientas inclinada a hacerlo y vivir la incomodidad y el reto.

  • ¿Cuánto va a durar? ¿Qué día empieza y qué día acaba? ¡Muy importante! Uno de los problemas cuando no definimos esto es que empezamos, nos sentimos genial, la mente empieza a pensar cosas como: “podría comer así siempre, me siento genial” y luego cuando llegan las “desviaciones”, añadimos la frustración de “yo no valgo para cuidarme”. Depurar es una fase, con inicio y fin. Es una experiencia concreta.
  • ¿Cómo me siento? ¿Tengo alguna resistencia? ¿Miedo? ¿Ansiedad? ¿Pereza? Probablemente las personas que ya hayan hecho algún detox en el pasado, y que tengan una relación de apego con la comida, sentirán resistencias…ya saben lo que supone y puede que aunque quieran hacerlo, también sientan una cierta pereza. O a lo mejor estás entusiasmada con la experiencia… Identificarlo es importante. Las preguntas anteriores nos ayudarán a sentir ganas y entusiasmo.

Después del ejercicio, seguro que tienes más claro tu plan. Ahora te sugiero el siguiente ejercicio. ¡Hazlo, de verdad! Refuerza mucho la motivación:

  • Escríbete una carta a ti misma explicándote qué vas a hacer, cómo, para qué, … con todo detalle. Se comprensiva, amorosa…amorosamente firme.

Hacer algo y llevarlo hasta el final exige de una energía enfocada, firme y consistente. Pero tener un objetivo y un plan no implica que el proceso vaya a ser lineal. De hecho, tendrá curvas, subidas y bajadas (si el plan elegido es de varias semanas, más todavía). Y saber navegar todo esto, ES el verdadero aprendizaje. Navegar las aguas removidas de mi mundo interior Dejar de comer azúcar, pan, queso, la tortilla de patatas del almuerzo, las galletas de la merienda, la cervecita después de trabajar… puede ser incómodo y puede sentirse una ausencia. El cuerpo se queja. Esto vale también para las galletas de espelta, los muffins veganos y las tartas raw. Cuando nos quitan la comida que nos calma y nos da placer, la estrategia más efectiva que podemos aplicar es la siguiente:

DISPONERNOS A LA INCOMODIDAD

Todavía más, ABRAZARLA. 🙂

Si no la rechazamos, si la permitimos aflorar, sin lucharla, sin taparla…esta incomodidad será una experiencia de la que podremos aprender mucho. Para empezar, porque si nos permitimos sentir emociones incómodas, estamos presentes sin huir, nos colocamos en un lugar de soberanía personal y aprendemos. Sentarnos con nuestras ganas de comer dulce, o salado, o algo que no está en nuestro plan, o cuando no tenemos hambre….nos conecta con la privación, con la ausencia que una vez hubo y que aún hoy nos da miedo sentir. Y es que ese evitar sentir, lo que sea que haya para sentir, nos mantiene tan condicionadas… tan pequeñas… Este sería el ejercicio: si te encuentras lidiando con el impulso de comer algo que no está en tu plan, o que no te conviene, prueba a sentarte con ello, a respirarlo, a sentir tus emociones, las sensaciones físicas, a permitir la lucha, a liderarla con tu presencia… Conecta, hazles espacio. Permítete comprobar qué ocurre con esa energía que se mueve. Si te vienen imágenes y recuerdos. Puedes preguntarte:

  • ¿Qué edad tengo ahora mismo?
  • ¿Cuáles es esta emoción/es?
  • ¿Qué necesito realmente?
  • ¿Qué me puedo dar para sentirme mejor?

Pararse a sentir, un gran paso hacia UNA RELACIÓN CON LA COMIDA RELAJADA.

Por eso, cuaderno y boli, poner en palabras nuestras emociones y darles el espacio que se merecen. Sentirlas plenamente ¡y respirarlas!

SÍ, a mi soberanía personal…

Cada vez que decimos No a algo…decimos Sí a otra cosa. Y esto, tan absurdamente sencillo, es la gran clave de todas las claves. Por lo tanto, cada vez que nos encontremos luchando con algún alimento o antojo, sintiéndonos inquietas o a punto de que me de el arrebato, podemos recordar que al decir NO a ese alimento, estamos diciendo SÍ a que fluya la energía, al espacio cuerpo-mente, a lo nuevo…y a nuestro objetivo.

La depuración “imperfecta”

El perfeccionismo es un gran obstáculo a la hora de hacer una depuración (y de hacer cualquier cosa, vaya). Una de las características que prácticamente todas las personas que tenemos apego a la comida compartimos es la mentalidad “todo o nada”. Mucho se puede escribir sobre este tema, que se refleja en miles de situaciones de nuestra vida. Nos lleva a tener una idea preconcebida de cómo deberían ser las cosas y que nos impide vivir lo que verdaderamente hay. En este “blanco o negro”, en esta dualidad, caemos en los juicios de “bueno o malo”. Por lo tanto, si empiezo a depurar y sigo mi plan, lo estoy haciendo bien, por lo que estoy contenta conmigo misma. Pero si me salgo de lo ideal y como tarta de queso cuando no debería, entonces ya he fallado y, por lo tanto, soy un desastre, no tengo fuerza de voluntad, ni compromiso, ni lo que hace falta tener…y de ahí, podemos tirar del hilo y…entonces, esa mente perfeccionista, idealista y dual, que no comprende la paleta de grises que es la vida, piensa: “abandono, esto no es para mí,…total, ya sabía que no iba a conseguir hacerlo”. Y comprobamos, una vez más, que tenemos un problema de voluntad. Se vuelve evidencia, cada vez más y más incrustada en nosotras.

Mi propuesta: más compasión, más proceso, más autenticidad, más AMOR.

Mi secreto para que una depuración sea “exitosa” es el siguiente:

Enfócate en la experiencia en sí misma

Ponte tu objetivo, priorizando la experiencia sobre el resultado. Teniendo en cuenta de que hablamos de depurar tu sistema integral (y no de hacer dieta), enfócate en el proceso de aligerar, de hacer espacio, de renovar, de florecer…y abraza la experiencia TAL Y COMO SEA.

Y para que así sea, puedes escribir y/o decir en alto:

  • Me comprometo a hacerlo de forma consciente, no me interesa la perfección”
  • La experiencia, como tal, es mi objetivo”
  • Me dispongo al proceso con curiosidad y compasión”
  • Disfruto del hecho de salir de mi zona de confort y aprender”

Si tienes dudas o te apetece compartir algo conmigo, deja un comentario aquí abajo o escríbeme, ¡me encantará saber de ti!

P.D. ¿Tienes una relación emocional con la comida que te gustaría transformar? Contáctame para una sesión de exploración gratuita y vemos si podemos hacer un buen equipo. Si quieres, puedes explorar mis servicios:  Programa de Coaching Online

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