Comer y alimentarse parecen sinónimos, pero… ¿lo son?

El alimento es aquello que nos nutre y que nos aporta elementos necesarios para la vida. Sin él, nos quedaríamos sin “combustible”, por lo que ocuparnos de conseguir el alimento necesario, es parte de nuestras responsabilidades diarias. Prefiero decir responsabilidades, y no obligaciones, porque la palabra responsabilidad nos hace protagonistas del acto (uno siempre puede no responsabilizarse y sería una elección personal) mientras que la obligación implica que no es algo elegido,que nos toca hacerlo, por lo que fácilmente podemos convertirlo en un acto inconsciente, como muchos otros.

Cuando una persona acepta y asume esta responsabilidad, de forma consciente, empieza la exploración de todo esto que llamamos “alimentarse”. Es una tarea fascinante, compleja, y que exige verdadero interés, atención y apertura. Entonces, ¿qué nos alimenta?

¿Qué partes de nosotr@s necesitan de sustento y de qué tipo? Nuestro cuerpo físico, claro está, necesita alimentos y transformarlos para poder funcionar. Hoy en día, también sabemos que el ser humano no puede vivir en salud sin contacto, intimidad o reconocimiento…que hay otras partes de nosotr@s que hay que atender también. ¿Y si considerásemos esas otras partes como distintos cuerpos que alimentar? Podríamos hablar de un “cuerpo emocional”, por ejemplo, un “cuerpo mental”, un “cuerpo espiritual”…y seguro que hay más, que tienen sus necesidades “nutricionales” específicas.

 

Puede sonar un tanto raro eso de tener un cuerpo mental que hay que alimentar, pero a mí me gusta explicarlo así: hay veces en que tengo unas ganas enormes de ver una buena película de suspense…disfruto muchísimo una buena trama de abogados o espías. Estas historias, muy mentales, le resultan muy estimulantes a mi mente, y de vez en cuando, me pide ese “alimento”. Lo vivo como un “hambre” de suspense…así que intento dárselo, buscando ese rato.

Así mismo, leer libros sobre nutrición, desarrollo personal o gestión emocional es otra de las formas que tengo de alimentarla. El estímulo que me da ese momento de lectura, no se suple con un plato rico de comida. Sencillamente, lo que aporta cada uno, es distinto.

Desde esta perspectiva, podemos trabajar para encontrar lo que cada uno de nuestros “cuerpos” necesita, para poder aportárselo. Es un reto. Porque como muchas cosas que hacemos de forma mecánica, alimentarse puede ser una más, por lo que nos puede costar interpretar las señales y tal vez no afinemos bien.

Es muy común querer alimentar con comida partes de nosotr@s que necesitan de otros sustentos básicos, como pueden ser las emociones. Hay ciertas necesidades que nuestro cuerpo emocional necesita, como lo son la escucha, la atención o la expresión, que la comida no saciará. Claro que podemos hacernos una rica cena para reconfortarnos, como una buena crema de verduras, después de un día duro (o a cada un@ lo que le reconforte), y hacernos sentir mejor…pero intentar cubrir el hambre de conexión e intimidad comiendo suculentos postres no resultará…al menos, no tanto como un encuentro enriquecedor contigo mism@ o con otra persona.

La ilusion-Garcia Marquez

Este diálogo expresa muy bien lo que quiero decir…y que es algo que tod@s sabemos, en realidad. Que hay “sustancias” que nos nutren, nos guían y aportan sentido a nuestra vida, tan necesarias si no más, que la comida… como por ejemplo, la ilusión. La ilusión es uno de esos ingredientes indispensables que nos nutren en varios niveles. Primero es una cuestión espiritual, del alma, de aceptar y querer estar aquí, en esta vida y que nos influye a nivel emocional y mental, y en nuestro cuerpo físico también. Una persona con ilusión, es una persona comprometida consigo misma, con las personas…y ésto, afecta también a la bioquímica del cuerpo

Así que yo, estoy de acuerdo con el coronel, la ilusión no se come…¡pero alimenta mucho!

Cada un@ tiene su camino por recorrer

Se pueden escribir cientos de libros (que de hecho, se escriben) sobre qué es lo que nutre a cada uno de nuestros cuerpos. Libros con teorías nutricionales, con propuestas y ejercicios físicos, emocionales y espirituales, lo que a otros les ha funcionado, que están muy bien… Nos sirven para orientarnos, explorar y probar. Pero realmente ninguno va a darnos las claves definitivas. No existe, no se puede. Somo demasiado únicos y cambiantes. Aunque nos encanten las fórmulas y que nos las den hechas, la verdad es que nos corresponde a cada un@ de nosotr@s descubrir “nuestras hambres” y alimentarlas a nuestra manera.

¿Cómo empezar?

Escuchándonos y observándonos con atención y compasión y teniendo mucha paciencia…Es un proceso. Identificar las sensaciones, atender a las señales y darse a un@ mism@ lo que necesitamos…toma su tiempo.

En mi próxima entrada, compartiré ejercicios simples sobre cómo empezar a afinar en la relación con nuestras necesidades y, desde las elecciones conscientes, hacernos cargo de eso que se llama “alimentarse”.

Sobre todo, entender que al acto de alimentarse está muy relacionado con el AMOR. Por lo que aprender a alimentarse es también aprender a quererse.

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